lunes, 06 febrero 2012
Energías Renovables y Alternativas Imprimir E-mail

 

La eficiencia energética se consigue con un uso correcto de los electrodomésticos.


electrodomesticosLa mayor parte de la energía que se usa en las viviendas se dedica al uso de la calefacción y a la producción de agua caliente sanitaria. Ambas partidas suman el 66% del gasto energético familiar. El 34% restante se invierte en el uso de electrodomésticos (16%), en la cocina (10%), la iluminación (7%) y el aire acondicionado (1%). Conviene tener presente que el ahorro energético que se puede conseguir con un uso eficiente de los equipamientos de nuestras viviendas es muy importante. Por esta razón, es determinante analizar los datos de estos aparatos en función del uso que les vayamos a dar: a medio y largo plazo, los electrodomésticos más baratos pueden resultar caros si no se tiene en cuenta la información sobre su consumo energético. Con este propósito, se puso en marcha en 1989 el sistema de etiquetas energéticas para informar a los usuarios del consumo de energía del electrodoméstico, habitualmente en la forma de uso de la energía, eficiencia o costos de la energía, contribuyendo al mismo tiempo a controlar la contaminación medioambiental, puesto que la mayor parte de la energía que hay en el planeta procede de fuentes energéticas agotables.


Las etiquetas son obligatorias para electrodomésticos como frigoríficos, congeladores, lavadoras, secadoras, lavavajillas y lámparas de uso doméstico. Un electrodoméstico es eficiente si ofrece las mismas prestaciones que otros consumiendo menos energía. Hay siete etiquetas (A, B, C, D, E, F, G), identificadas cada una de ellas con un color. El consumo de los electrodomésticos con etiqueta A es el más eficiente y los que lucen una G son los que más consumen haciendo lo mismo. Las etiquetas sólo son comparables dentro de un mismo grupo de electrodomésticos: no debe interpretarse igual una D en una lavadora que en una bombilla. No hay organismos independientes que etiqueten los electrodomésticos: son los propios fabricantes quienes asignan las etiquetas después de contratar los servicios de laboratorios homologados. Además, en estas pruebas de laboratorio se permite un margen de error que puede ser de hasta un 15%.

 
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